Cuando en 1993 Arturo Defreites fichó a Vladimir Guerrero para los Expos sabía que había conseguido a un jugador talentoso, pero nunca imaginó que llegaría tan lejos como al Salón de la Fama de Cooperstown.
“Voy a confesar algo: cuando firmamos a Vladimir sabía que conseguimos a un jovencito con muchas cualidades para jugar béisbol, pero si en ese momento usted me preguntaba que sí iba a ser Salón de la Fama hubiera respondido que no sentía eso”, admitió...seguir leyendo .listindiario

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