El taxista boricua Jorge Laporte, desde mediados de febrero, cuando el coronavirus empezó a ser una amenaza para los neoyorquinos, tomó ciertas previsiones. Asumía que como trabajador del volante estaba “doblemente en riesgo”. Semanas después, con una ciudad paralizada, que cuenta hoy a sus muertos y enfermos por centenares, no duda que tomó la mejor decisión. “Cuando empezaron las noticias de esta enfermedad, no quise ir más al aeropuerto. Tengo a mi esposa sobreviviente del cáncer y me daba pánico pensar que la podía contagiar. Imagínate toda la gente entrando de Europa y Asia”, narra Jorge. /eldiariony.
4.20.2020
Coronavirus se está convirtiendo en la “estocada final” para los taxistas amarillos de la Gran Manzana
El taxista boricua Jorge Laporte, desde mediados de febrero, cuando el coronavirus empezó a ser una amenaza para los neoyorquinos, tomó ciertas previsiones. Asumía que como trabajador del volante estaba “doblemente en riesgo”. Semanas después, con una ciudad paralizada, que cuenta hoy a sus muertos y enfermos por centenares, no duda que tomó la mejor decisión. “Cuando empezaron las noticias de esta enfermedad, no quise ir más al aeropuerto. Tengo a mi esposa sobreviviente del cáncer y me daba pánico pensar que la podía contagiar. Imagínate toda la gente entrando de Europa y Asia”, narra Jorge. /eldiariony.
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