Mientras ganaba aplausos con su juego alegre, acrecentaba su fama y ayudaba a los Tigres del Licey a ganar campeonatos, Anderson Hernández invertía en bienes raíces para asegurar el futuro de la familia. Aunque tenía sobradas condiciones para brillar también en el Gran Circo no pudo establecerse ni, obviamente, firmar contratos multianuales. /listindiario.

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